sábado, 14 de mayo de 2016

Los bolígrafos como las lechugas, mejor frescos.


El bolígrafo publicitario es un gran artículo para promocionar nuestra empresa. Barato y con una utilidad que el cliente percibe positivamente. Pero en ocasiones esta sensación se vuelve en nuestra contra si no atendemos a los pequeños detalles. 

Es sumamente desagradable tener que tomar nota de una cita, coger un bolígrafo y comprobar que no escribe bien. Monumental cabreo y sensación de que nos han timado. ¿Por qué sucede? Bueno, lamentablemente algunos desaprensivos comerciantes, tratan de deshacerse de stocks antiguos y entonces ocurre el desastre, en lugar de construir una imagen positiva de tu negocio lo que hacemos es justo lo contrario y además… pagando.

Este problema se origina por un mal almacenaje. Los bolígrafos deberían traer el letrero ‘conservar en lugar fresco seco y protegido de la luz solar‘. En ocasiones un almacén por el que ha pasado un verano como los que estamos teniendo, en los que se alcanzan temperaturas que sobrepasan los 40º Celsius en el interior, provocan que las sustancias volátiles de la tinta de los bolígrafos se evaporen con facilidad y a la hora de querer utilizarlos, tienen la tinta tan seca que se queda pegada en el depósito y el resultado es el conocido. ‘-¡Este boli no pinta, arrrgh!

Evite las ofertas muy agresivas de bolígrafos y pida siempre bolígrafos ‘‘frescos”.

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